Las Catedrales Aragonesas

La Asociación de Ciudades Catedralicias de España a la que pertenece Zaragoza, declaró el penúltimo sábado de octubre (23 de octubre),  como el día de las catedrales.  Estan previstos para los festejos, recitales poéticos, visitas guiadas o conciertos son algunos de los actos que tuvieron lugar la edición pasada en catedrales de esta red.

Altos fustes, capiteles esculpidos llenos de simbología, bóvedas de piedra o de gráciles nervios, y ventanas por donde pasa la luz divina, convierten a las catedrales en ideales manuales para conocer el pasado. Estos centros de las diócesis, residencia del obispo, se levantaban en espacios sacros o en antiguas mezquitas de ciudades cristianas demostrando así el poder eclesiástico.

En el valle del Isábena, la antigua Catedral de San Vicente de Roda de Isábena es considerada la catedral más pequeña de España y superviviente de saqueos y robos, una joya románica, cuyos claustro y refectorio son lugares encantadores para disfrutar de momentos inolvidables.

La Catedral de San Pedro de Jaca tiene su origen en las peregrinaciones jacobeas. El ajedrezado jaqués, el crismón esculpido en el tímpano de la puerta occidental, símbolo de Cristo, y la escultura de los capiteles son los elementos principales de esta catedral. El arco apuntado y las arquivoltas de la entrada de la Santa Iglesia Catedral de la Transfiguración del Señor de Huesca, también conocida como Catedral de Santa María de Huesca, revela su fábrica gótica. Concluida en el S. XVI, en su interior hay que destacar el retablo renacentista en alabastro del altar mayor de Damián Forment así como su tesoro ornamental y de orfebrería.

La ciudad de Barbastro recuperó el rango de sede episcopal que había perdido durante la Edad Media a causa de la política religiosa de Felipe II que erigió dos nuevos obispados: el de Barbastro y el de Jaca. La Catedral de la Asunción tiene una gran planta de salón y los nervios de las bóvedas están decoradas con 485 rosas de madera policromada y dorada, como un infinito cielo estrellado. En Monzón se levanta la Concatedral de Santa María del Romeral.

La Catedral del Salvador de Albarracín se inició en 1572 culminándose en 1600 con la terminación de la torre. Las bóvedas de crucería y el coro, cerrado con una delicada reja de forja del S. XVII, transmiten una sensación de gran profundidad. Pilastras y cornisas barrocas decoran la nave y el claustro. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Teruel, que primero fue parroquia dedicada a Santa María de Mediavilla, es colegiata desde 1342, y catedral desde la creación de la Diócesis de Teruel. Destaca especialmente aquí la torre mudéjar, con abundante cerámica verdiblanca, y el maravilloso alfarje de madera que decora el techo interior y que refleja con gran minuciosidad la vida cotidiana en la Edad Media.

En la plaza de las catedrales de Zaragoza, altas y vigorosas torres dan la bienvenida al visitante. Son las de La Seo o Catedral del Salvador y las de la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar. La primera, resume la historia de la ciudad, en ella fueron coronados reyes y fueron enterrados personajes ilustres. Actualmente el viajero puede disfrutar aquí de variados estilos artísticos en todo su esplendor. La Basílica del Pilar recibió el título de catedral en 1675. La historia, la tradición, y la leyenda la han convertido en un templo al que peregrinan miles de fieles cada año. Su interior alberga grandes tesoros; la Santa Capilla de la Virgen, frescos de Francisco de Goya y un maravilloso retablo de Damián Forment.

Por último, aunque no menos importante, de nuevo brilla el arte mudéjar entre nuestras flamantes catedrales aragonesas. En esta ocasión, en la Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona. Cerrada por trabajos de restauración, su construcción comenzó en el S. XII. Destruida en su mayor parte durante la Guerra de los dos Pedros (Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón), fue reconstruida posteriormente dentro del estilo mudéjar, que tiene en este templo uno de sus mejores exponentes en Aragón.

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